Prescindir del talento

La incapacidad para reconocer como válidas las ideas de otros, el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado, o la envidia al talento de los demás pueden llevar a la dirección a eludir su principal responsabilidad: tomar las decisiones más adecuadas para la compañía.

Esta actitud, conocida como Síndrome de Procustro1Proscuto, suscita que quien la padece se dedique a   cercenar iniciativas, aportaciones e ideas de aquellas personas que pueden dejarlos en evidencia.

Quienes padecen este problema son más de los que pensamos. Y generan un clima laboral de tensión y estrés. No optimizan sus equipos. Priman su visión personal y sus intereses personales frente al mejor rendimiento del grupo. Deforman y ocultan información para confirmar sus hipótesis. No asignan tareas a quienes mejor las harían. Impiden el acceso a proyectos a personas que puedan destacar en los mismos, no los evalúan correctamente en los controles internos, y exigen niveles de calidad y perfección inalcanzables.

En consecuencia, a veces las personas que son víctimas de superiores con el mencionado Síndrome desarrollan otro: el denominado Síndrome de Solomon, también llamado ‘miedo a brillar’. Estas personas prefieren no destacar para no sobresalir del grupo y así limitarse a conservar su puesto de trabajo.

Seguro que habéis deducido hacia dónde vamos. En Atos se prima estar siempre disponible y permanecer callado antes que el trabajo realizado y las aportaciones que se puedan hacer en los proyectos. Si tu jefe o jefa ve que superas sus capacidades prepárate… Así que procura que no se note…

No decimos que todas las personas que tienen puestos de responsabilidad en Atos sean así.  Obviamente hay gente que sabe valorar, gestionar el talento y aprovechar al máximo a sus equipos. Pero desgraciadamente cada vez son menos.